De dónde viene la «Coro-tera»

En el inventario emocional del venezolano, pocas palabras cargan con tanto equipaje como «coroto». La sabiduría popular —siempre propensa a los mitos con levita— insiste en adjudicarle un origen afrancesado. Cuenta la leyenda urbana que los generales decimonónicos, celosos custodios de los paisajes de Jean-Baptiste Camille Corot traídos de París por Guzmán Blanco, advertían a la servidumbre con un ruego militar: «¡Cuidado con los Corot!». La deformación del apellido terminó por bautizar cualquier objeto sin valor aparente, el trasto viejo, el bulto del equipaje.

Sin embargo, la rigurosidad histórica de filólogos como Ángel Rosenblat prefiere buscar las raíces de este vocablo tierra adentro.

Una tapara que canta bien bonito

Mucho antes de que el impresionismo francés pisara Caracas, los pueblos caribes y arahuacos ya llamaban «coroto» al recipiente doméstico que se obtenía al partir en dos una tapara o totuma. Aquella vasija prehispánica que sigue siendo de uso corriente en hogares venezolanos, era una herramienta que contenía lo esencial para la supervivencia cotidiana, y de ella derivó el concepto que hoy define nuestras posesiones mundanas.

Hoy, esa misma palabra experimenta una metamorfosis científica y musical al otro lado del Atlántico. Un grupo de ingenieros, científicos y humanistas criollos ha fundado Coro-tera, una plataforma coral que funciona como el nuevo contenedor de su identidad.

El código de Sartenejas

El nombre no es un capricho del azar lingüístico, sino una derivada técnica conjugada. La gran mayoría de las voces que integran este ensamble son egresados y exalumnos de la Universidad Simón Bolívar (USB), aquella fábrica de conocimiento custodiada por palmeras y eucaliptos del valle de Sartenejas. Para un uesebista, el prefijo métrico Tera representa el orden de un billón de unidades, el lenguaje de la alta tecnología y el rigor de las ciencias exactas que moldearon sus años universitarios a los que no faltaron una profunda complementariedad humanística. Coro-Tera es una fusión que deviene en canto colectivo. Es la armonía matemática aplicada a la nostalgia. Coro-tera es, por encima de todo, el «corotero» espiritual de la migración. Desterrados por las geografías más disímiles, obligados a meter la vida entera en una maleta de veintitrés kilos, estos venezolanos han descubierto que sus verdaderos corotos no eran los muebles, ni los libros, ni los títulos colgados en la pared. Sus posesiones más valiosas eran las canciones. Una mudanza que canta.

Texto (Idea original y edición) por Elssen Beatriz Lombó, con la asistencia de IA en la estructura y optimización del contenido.